miércoles, 20 de abril de 2016


El Discurso

Había llegado el día que tanto temía, aquel momento que aunque había preparado por horas, no podia hacer mucho si algo salía mal. Por un fugaz momento recordó a toda la gente que no había creído en el, partiendo por sus padres, luego sus compañeros y finalmente sus profesores. Solo la confianza que puso en el aquella mujer que tanto quería lo había llevado tan lejos. Miro al publico y vio esos ojos verdes que lo hacían sentirse tan querido y se sintió algo mas confiado.

Mientras repasaba sus papeles y veía su letra, que en otra época le había causado molestias por su ilegibilidad, miraba de reojo al público, mas de mil personas sentadas en cómodas sillas acolchonadas conversaban mientras esperaban que alguien se dirigiese a ellos.

Finalmente se le acercó un hombre alto y  de pelo canoso y le informó que había llegado el momento que el tanto quería evitar. Subió al escenario sintiendo las piernas débiles, al instante, la atención de toda la gente se puso en el.

Comenzó a leer con goas de sudor frío corriendo por su frente, iba palabra a palabra, pronunciando cuidadosamente letra a letra, evitando así cualquier equivocación. Sintió temblores en la garganta, pero los desechó al levantar la voz, la cual resonaba potentemente en los parlantes instalados en las esquinas de la sala, los cuales se veían fuera de lugar al estar junto a unos elegantes cuadros, los que revelaban el "status" de la gente que había en la sala.

Mientras iba llegando al final del discurso se sintió mas tranquilo, pensando que dentro de poco todo habría terminado. Incluso se permitió aliviar el  picor que tenia en su cuello, en una parte tapada por su elegante camisa blanca. Finalmente terminó, bajo con un breve "muchas gracias" del escenario, escoltado por un estruendoso aplauso.

Con una gran sonrisa en su rostro, fue caminando lentamente hacia la parte trasera de la sala, donde lo esperaría su hermano, con la promesa de informarle que tal lo había hecho. De pronto, un descuido, un cable que conectaba a los parlantes hizo que cayera al suelo, apoyándose en sus manos, y mientras las fuertes carcajadas del publico le hicieron saber que no había pasado inadvertido, supo que al día siguiente sería el hazmerreír de mucha gente, sobre todo porque muchos estaban grabando lo que el decía.

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